Bosques del Mesozoico- las plantas que comían los dinosaurios

Bosques del Mesozoico: las plantas que comían los dinosaurios

Cuando pensamos en la era de los dinosaurios, la imagen que viene a la cabeza suele ser la del animal: un tiranosaurio cazando, un diplodocus comiendo hojas, un pterosaurio sobrevolando un valle. Pero rara vez nos preguntamos qué había debajo de sus patas. Qué tipo de árboles formaban esos bosques, qué plantas cubrían el suelo, qué aspecto tenía realmente el paisaje donde vivieron durante más de 160 millones de años.

La respuesta es que los bosques del Mesozoico no se parecían a nada que exista hoy. No había hierba. No había praderas. No había flores durante la mayor parte de esa era. Lo que había eran helechos del tamaño de árboles, coníferas que no se parecen a ningún pino actual y plantas con formas que hoy solo sobreviven como curiosidades botánicas en jardines especializados.

Entender esos bosques es entender el mundo de los dinosaurios. Porque la vegetación no era solo el decorado: era la base de toda la cadena alimentaria y el factor que determinaba dónde podían vivir, qué podían comer y cómo evolucionaban. A lo largo de este artículo recorreremos cómo cambiaron esos bosques durante el Triásico, el Jurásico y el Cretácico, qué plantas comían los distintos dinosaurios, cuáles de aquellas especies siguen vivas hoy y dónde puedes ver recreado ese mundo prehistórico.

El Triásico: los primeros bosques de los dinosaurios

El Mesozoico comienza hace 252 millones de años, justo después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra (la extinción del Pérmico-Triásico, que eliminó al 90% de las especies marinas y al 70% de las terrestres). El planeta estaba devastado y los ecosistemas tardaron millones de años en recuperarse.

Los primeros bosques del Triásico eran simples. Estaban dominados por helechos arborescentes (helechos que crecían hasta 10-15 metros de altura, con troncos leñosos y copas de frondes) y por licopodios gigantes, parientes de unas plantas que hoy apenas alcanzan unos centímetros pero que entonces formaban árboles de varios metros.

Las coníferas primitivas empezaron a diversificarse durante el Triásico, pero aún no dominaban el paisaje. También eran comunes las cícadas, plantas con aspecto de palmera baja y hojas rígidas que producen conos reproductivos similares a piñas. Las cícadas fueron una fuente de alimento fundamental para los primeros dinosaurios herbívoros.

El suelo estaba cubierto de musgos, hepáticas y helechos pequeños. No había hierba: las gramíneas no aparecerían hasta muchos millones de años después. El paisaje se parecía más a un bosque tropical húmedo actual de helechos gigantes que a cualquier bosque europeo.

El Jurásico: la explosión verde

El Jurásico (hace 201 a 145 millones de años) fue la época dorada de los bosques mesozoicos. El clima era cálido y húmedo en la mayor parte del planeta, y la vegetación respondió con una diversidad sin precedentes.

Los bosques jurásicos estaban dominados por tres grupos de plantas que hoy nos resultan familiares solo a medias. Las coníferas eran las reinas del paisaje: araucarias, cipreses primitivos y otros grupos formaban bosques densos que alcanzaban los 30 o 40 metros de altura. Las araucarias, que todavía sobreviven en Chile, Argentina y Oceanía, dominaban entonces buena parte del planeta, y sus troncos rectos y sus copas simétricas dibujaban un paisaje muy distinto al de un pinar mediterráneo actual.

Junto a ellas prosperaban las cícadas, que en el Jurásico alcanzaron su máxima diversidad, desde arbustos bajos hasta árboles de varios metros; sus hojas gruesas y coriáceas eran el alimento principal de los grandes saurópodos como el Diplodocus o el Brachiosaurus. El tercer protagonista era el ginkgo, ese árbol ornamental que hoy vemos en parques y avenidas y que es el único superviviente de un grupo que entonces incluía docenas de especies. Sus hojas en forma de abanico aparecen en el registro fósil de todos los continentes.

El suelo seguía dominado por helechos, pero aparecieron nuevos grupos de plantas pequeñas. Los equisetos (colas de caballo) formaban densos matorrales junto a ríos y lagos, creando ecosistemas ribereños que servían de refugio para dinosaurios pequeños y para los primeros mamíferos.

Durante el Jurásico no existían ni la hierba ni las flores. Los bosques estaban formados por coníferas como las araucarias, cícadas con aspecto de palmera y ginkgos. Los helechos cubrían el suelo y los equisetos bordeaban ríos y lagos. Un paisaje radicalmente distinto al de cualquier bosque actual.

El Jurásico- la explosión verde

El Cretácico: la revolución de las flores

Hace unos 140 millones de años, en el Cretácico inferior, ocurrió algo que cambiaría para siempre la vida en la Tierra: aparecieron las primeras plantas con flores (angiospermas). Fue una revolución silenciosa que tardó millones de años en completarse, pero que acabó transformando los ecosistemas por completo.

Las primeras angiospermas eran plantas pequeñas, probablemente acuáticas o semiacuáticas. Pero su ventaja evolutiva era enorme: producían frutos que protegían las semillas y atraían a animales que las dispersaban. En pocos millones de años, las plantas con flores empezaron a colonizar todos los ambientes.

A finales del Cretácico (hace 100-66 millones de años), los bosques habían cambiado radicalmente. Las magnolias, los sicomoros, las higueras primitivas y las palmeras convivían con las coníferas que habían dominado durante el Jurásico. El sotobosque se llenó de arbustos con flores y los primeros insectos polinizadores (abejas primitivas, mariposas) establecieron relaciones con las nuevas plantas.

Este cambio tuvo consecuencias directas para los dinosaurios. Los hadrosaurios (dinosaurios pico de pato) del Cretácico superior tenían dentaduras adaptadas para masticar las hojas más duras de las angiospermas. Los ceratopsios como el Triceratops podían cortar tallos leñosos con sus picos. La dieta de los herbívoros se diversificó junto con la flora.

El Cretácico- la revolución de las flores

Plantas que sobrevivieron a los dinosaurios

Varias de las plantas que formaban los bosques del Mesozoico siguen vivas hoy. Son auténticos fósiles vivientes que nos permiten ver, tocar y oler lo que comían los dinosaurios. Los helechos arborescentes actuales de los géneros Cyathea y Dicksonia, que crecen en los bosques tropicales húmedos de Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica, descienden directamente de los helechos que cubrían el suelo jurásico. Y las araucarias, como la chilena (Araucaria araucana) o la de Norfolk (Araucaria heterophylla), pertenecen al mismo género que dominaba aquellos bosques; sus piñones probablemente alimentaban a los dinosaurios más pequeños.

El caso más asombroso es el del Ginkgo biloba, única especie superviviente de su grupo, cuya hoja apenas ha cambiado en 200 millones de años y es casi idéntica a la de sus ancestros jurásicos. Algo parecido ocurre con las cícadas, de las que hoy quedan unas 300 especies en regiones tropicales y subtropicales que conservan el mismo aspecto de hace 200 millones de años, y con los equisetos o colas de caballo (Equisetum), versiones reducidas de plantas que en el Mesozoico alcanzaban varios metros de altura, según recoge la web educativa Humanidades.

El bosque que nunca existió: desmontando mitos

Las películas y las ilustraciones populares suelen representar los paisajes del Mesozoico con palmeras, hierba verde y flores de colores. Esa imagen es casi completamente falsa para la mayor parte de la era.

No había hierba hasta el Cretácico tardío (y aun entonces era escasa). No había flores hasta hace 140 millones de años. Las palmeras no aparecieron hasta el Cretácico. Y el color dominante del suelo no era el verde brillante de un césped, sino el marrón y verde oscuro de los helechos y el mantillo de hojas de conífera.

El paisaje real era más oscuro, más húmedo y más silencioso de lo que solemos imaginar. Sin insectos polinizadores zumbando (hasta que llegaron las flores), sin pájaros cantando (las aves aparecieron en el Jurásico pero eran escasas), el bosque mesozoico era un lugar dominado por el sonido del viento entre las coníferas y el crujido de la hojarasca bajo las patas de los dinosaurios.

Si quieres ver cómo era el mundo donde vivían estos animales y caminar entre réplicas a tamaño real, en Dinosaurland puedes explorar más de 100 dinosaurios ambientados en un entorno natural que evoca esos paisajes prehistóricos. Y si te interesa el otro lado de la cadena alimentaria, echa un vistazo a la alimentación de los dinosaurios carnívoros: los cazadores que compartían estos bosques con los herbívoros.

Camina entre los bosques del Mesozoico en Dinosaurland

No hace falta una máquina del tiempo para hacerse una idea de aquel mundo. En Dinosaurland, en Porto Cristo (Mallorca), el recorrido serpentea entre pinos, palmeras y vegetación mediterránea que recrea el ambiente de un bosque prehistórico, con más de 100 dinosaurios a tamaño real repartidos por el jardín. Es un plan pensado para familias: los niños aprenden a distinguir un herbívoro de cuello largo de un cazador mientras juegan, y el circuito se hace tranquilamente en una o dos horas.

El parque está a pocos minutos de las Cuevas dels Hams, así que muchas familias combinan ambas visitas en un mismo día con el pack Dinos&Caves. Para evitar colas conviene comprar la entrada online y consultar los horarios actualizados en la web oficial de Dinosaurland antes de ir, ya que cambian según la temporada.

Preguntas frecuentes sobre los bosques del Mesozoico

¿Qué plantas comían los dinosaurios?

Dependía de la época. En el Triásico y Jurásico, los herbívoros comían principalmente helechos, cícadas, coníferas y ginkgos. A partir del Cretácico, se añadieron las plantas con flores (magnolias, higueras primitivas, palmeras). Los saurópodos de cuello largo se alimentaban de copas de coníferas; los herbívoros más pequeños, de helechos y cícadas del sotobosque.

¿Existía la hierba en la época de los dinosaurios?

Las gramíneas aparecieron en el Cretácico tardío (hace unos 80 millones de años), pero eran plantas escasas y de distribución limitada. Las grandes praderas que hoy cubren continentes enteros no existieron hasta el Cenozoico, millones de años después de la extinción de los dinosaurios.

¿Qué plantas de la era de los dinosaurios siguen vivas hoy?

Varias: los helechos arborescentes, las araucarias, el ginkgo biloba, las cícadas y los equisetos (colas de caballo). Todas ellas son descendientes directos de plantas que convivieron con los dinosaurios y conservan formas muy similares a las de sus ancestros mesozoicos.

¿Por qué la aparición de las flores fue tan importante?

Las plantas con flores (angiospermas) producían frutos que atraían a animales dispersores de semillas, lo que les permitió colonizar nuevos hábitats más rápido que las coníferas. Además, establecieron relaciones con insectos polinizadores que aceleraron su diversificación. En pocos millones de años pasaron de ser plantas marginales a dominar los ecosistemas terrestres.

Los dinosaurios desaparecieron, pero los bosques que los alimentaron nunca se fueron del todo. Cada vez que ves un ginkgo en una acera, un helecho en una maceta o una cola de caballo junto a un arroyo, estás mirando un superviviente del mundo de los dinosaurios. Y para verlos rodeados de sus antiguos habitantes, solo tienes que darte un paseo por Dinosaurland.

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